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Un estanque escondido

Un gesto

Un gesto Había una vez, una nena de ocho años que vivía con sus tíos. Ellos la querían mucho, pero como eran muy viejitos, no entendían bien las cosas que le pasaban. Ella necesitaba charlar con alguien.

En la escuela, a veces se ponía triste, entonces la señorita le preguntó que le pasaba y ella dijo que se sentía sola.

La profe le pidió que conversara con ella, que la iba a ayudar si podía. Le acarició la cabecita y le prestó un pañuelo para que se secara las lágrimas.

Como si fuera mágico, el pañuelo por la cara le fue borrando la tristeza y le creció una gran sonrisa.

A veces, un gesto chiquito puede ser enorme.

Bárbara Molina
12 años
Argentina
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